Madrid iluminada España.Para las Fiestas, los arreglos de luces en espacios públicos, los pesebres y la expectativa por la lotería son tradiciones que los madrileños no abandonan, aun en tiempos difíciles.MADRID.- Si hay crisis, que se note poco, podría ser el lema de los madrileños cuando se acerca el final de un complicado 2011 y, a la vez, uno de los momentos más esperados del año: la Navidad. Quien nunca haya visitado la ciudad, difícilmente note los ajustes, que la muestran sofisticada y llamativa, aunque para nada ostentosa. Pero el ahorro está presente y se siente de fondo en el bullicio siempre alegre de la capital. La decoración es bellísima, pero claramente le escapa a lo pretencioso, y en las conversaciones de su gente, la resignación frente a la crisis económica está instalada, aunque eso no empaña nada el brillo y el color de la festividad más amada por los españoles. El espíritu navideño se siente en todas partes e incluso son muchos los que celebran combatiendo el frío no con gorros de lana, sino con pelucas de todos los tamaños y sombreros con forma de reno, que parecen sacarle la lengua a la situación, por las peatonales madrileñas. Es típica la escena en la Plaza Mayor, donde casi se compite por quien lleva el peinado más gracioso, mientras largas colas buscan su esperanza en Doña Manolita, la lotería nacional que dos días antes de Nochevieja premia a algún afortunado con 4 millones de euros, o a muchos con sus décimos, compartidos en grupos que se reúnen para comprar cada año un número del tradicional gordo de Navidad. Ciudad iluminada La intervención no es simple. Según la zona, reconocidos artistas españoles han ideado las luminarias que sorprenden a cada paso, a medida que la noche se hace presente. Como el ecléctico árbol navideño que diseñó Agatha Ruiz de la Prada que reina, gigantesco, en medio de Plaza del Sol. O las esferas que parecen sobrevolar la Plaza Mayor, los ojos que se abren y cierran como pestañeando en las callecitas de Chueca o las estrellas polares que adornan uno de los más altos edificios de El Corte Inglés, la tradicional tienda. Claro que la adaptación a la coyuntura del momento está presente aun en este éxtasis de luminarias. El gobierno aclara que, además de ser 100% sostenible -evitando la emisión de más de 35 toneladas de CO2 a la atmósfera-, el sistema favorece el ahorro. Se emplearon 3,8 millones de lamparitas LED y de bajo consumo para la decoración de la ciudad, lo que hace que, sumando la reducción de recursos de este año y el anterior, baja en un 48% el gasto de energía respecto de otras temporadas. En cada casa, un belén Un plan navideño que todos los españoles adoran es ir a ver las exhibiciones de pesebres. Y las hay verdaderamente célebres. La más importante quizá sea la del Palacio Real de Madrid, que lleva cuatro siglos de tradición y aún conserva figuras centenarias. El frío invernal no amedrenta a los fieles, que hacen colas larguísimas desde muy temprano en la mañana para ver la escena que recrea -al estilo napolitano, claro está- la vida de todo un barrio completo en el momento del alumbramiento de la Virgen María. Cientos de muñecos prolijamente ataviados, con detalles hechos íntegramente a mano por artesanos y restauradores, acompañan la gran escenografía, que culmina con la Sagrada Familia. Este pesebre es el de la familia real y se exhibe para todo el pueblo. La historia cuenta que superó las mil piezas, y hasta la reina y sus damas colaboraban confeccionando ropitas para vestir a las figuras. Toda una pasión que continúa en el resto de la ciudad: muy cerca del palacio, el convento de la Encarnación conmemora este año sus cuatro siglos de fundación y por eso se ha traído desde Salamanca un pesebre donado en 1645 por el conde de Monterrey en su estado original. Mitos y ritos Pero si hay un personaje tan infaltable como gracioso en cada escenografía navideña es el caganer. Puede ser hombre o mujer, pero lo obligado es que esté en la (bochornosa) posición de defecar, y en el folklore español se lo ubica un tanto escondido entre las otras figuras del pesebre, casi como avergonzado. Según Pepe Rodríguez, autor del libro Mitos y ritos de Navidad, este personaje típico que existe desde el siglo XVIII "nos recuerda lo humanos que somos frente a la Navidad. Si hay una urgencia, el caganer, aún en su camino al pesebre, no puede aguantarse". La comicidad aumenta con su versión moderna, que trasciende al típico pastorcito y cobra la figura de famosos futbolistas -no falta Messi, claro-, y hasta los propios reyes de España, entre otras celebridades. Cuando sean las doce En Madrid esto se hace al son de las campanadas que repican en la Plaza del Sol, la más tradicional, y que marcará con su reloj la llegada de la Navidad a través de los televisores de todos los españoles, y de aquellos que estén en la ciudad y se acerquen a celebrar al corazón del casco histórico, el punto de encuentro. Seguramente muchos llevarán ropa interior roja para atraer la buena suerte y en cada hogar se habrá saboreado algún ave: pollo, pavo o capón. Aquí también se esconde una tradición centenaria y viene de la época de Carlos III, aludiendo a que las aves simbolizan la llegada de la primavera y con ella, la prosperidad. Quizá más ansiada aún este año, de cara a la crisis que ajusta los cinturones españoles, pero que no por eso deja fuera el misticismo de la celebración favorita de todo un país. |
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