Can Barrina, España.El cordero catalán perfecto en este restaurante del Montseny.Los barceloneses presumen de su playa, de su litoral y de tener un tiempo estupendo durante todo el año. Pero tal orgullo puede muy bien ser una táctica para distraer la atención sobre uno de los tesoros menos conocidos de Cataluña, una reserva natural a una hora en coche desde el centro de la ciudad: el parque natural del Montseny. Declarado reserva de la biosfera en 1978 por la Unesco, es un escondite intacto ideal para pasar un fin de semana. Tras adentrarse 12 kilómetros por la carretera de Sant Esteve de Palautordera que lleva a Montseny, los conductores reparan en una pizarra situada en el arcén, garabateada con tiza brillante como el neón, que anuncia el menú del día en Can Barrina, un refugio de 14 habitaciones que data de 1620. [lo dice señalando la densa vegetación y las montañas que le rodean]: es el enclave perfecto para un hotel". Las paredes del interior de la posada son de pizarra y fueron necesarios tres años para que varios artesanos avezados del pueblo levantasen la casa y le devolvieran su solidez. "Fue un trabajo duro y llevó tiempo", dice el propietario. Joana, su mujer, añade: "Pero mereció la pena". La pareja come con frecuencia en una mesa de mármol (su mesa personal, disponible para los clientes previa petición) situada en uno de los comedores de más de 50 plazas que en su día fueron establos. "En días soleados ves a los pastores arrear los corderos que uso para este plato [la paletilla de cordero del Montseny, en la foto]. Sabe mejor que las que compras en la ciudad", dice. "Y todas las verduras son de la huerta de mis padres. Si nos van quedando pocos, no sé, tomates para el pa amb tomàquet, siempre podemos ir al mercado de la Boquería y conseguir productos frescos, que tampoco están mal".
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