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Un balcón hacia el Mediterráneo. España.

A 83 kilómetros de Barcelona, Tarragona atrae con su curiosa mezcla de rasgos romanos, medievales y también modernistas.


Un balcón hacia el Mediterráneo. España.

 
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TARRAGONA.- Disfrutar de un buen café en coquetas mesitas instaladas en la calle, ahí nomás de construcciones romanas de más de 2000 años; muy cerca, también, de incontables construcciones medievales. ¿Qué más se le puede pedir a Tarragona? Bueno, de hecho hay algo más: el Mediterráneo, con sus aguas turquesa y más de 15 kilómetros de costa.

Pero vamos por partes. Un buen punto de partida para conocer la capital de la provincia catalana del mismo nombre es el Paseo Arqueológico. Allí, a metros de la Vía Augusta, la silueta del anfiteatro construido a principios del siglo II d.C., escenario de luchas de gladiadores y martirios, que eran seguidos desde las gradas talladas en la roca. Muy cerca, la Torre del Pretorio con impecable vista al mar y de los fortines de la reina y de Sant Jordi, levantados por los ingleses en el siglo XVII.

Si bien en el siglo V a.C. ya existía aquí un poblado ibérico, la ciudad se estructuró en el siglo II a.C., con la construcción de la muralla: 3500 metros de piedra calcárea y arenisca, de los cuales se conservan 1100. El apogeo llegó en los siglos I y II d.C., cuando la llamada Tarraco se expandió como capital provincial de la Hispania Citerior y hasta llegó a ser la residencia durante dos años del emperador Augusto.

"Vivían aquí por entonces unos 40.000 habitantes. La ciudad dominaba más de la mitad de la península ibérica y su ubicación era estratégica: había cuatro días de navegación hasta Roma, muy poco para la época", explica la guía María Jesús Ortega Pérez.

Pero estamos en 2011 y ahí está el circo, donde se hacían carreras de carros. Lamentablemente, la mayor parte de la construcción fue tapada por edificios del siglo XIX, donde hoy se ve a los vecinos asomados a los balcones. Es que así fue creciendo Tarragona. Lo mismo pasó con la ciudad medieval, que ganó espacio entre y sobre los edificios romanos, compartiendo muros, en un mix arquitectónico llamativo por donde se lo mire.

Los tiempos cambiaron, afortunadamente, y hoy todo proyecto urbanístico queda supeditado a lo que hay debajo, que es mucho. "Antes de iniciar cualquier excavación se exige una investigación arqueológica, que casi siempre lleva a nuevos hallazgos", asegura la guía María Jesús.

Paseo de la costanera

Caminar por la costanera, con sus palmeras de frutos amarillos, es un paseo en sí mismo. Se dice que Emilio Castelar, presidente de la primera república española, la bautizó El balcón del Mediterráneo . Y no se equivocó: la vista desde la trabajada baranda en hierro forjado es espléndida.

La caminata, a paso lento, como impone el lugar, conduce hasta la Rambla Nueva, muy señorial y comercial. No más de diez cuadras hasta la Plaza Imperial con coquetos locales, en una propuesta que va de la indumentaria y la gastronomía a librerías y hoteles. El toque de color lo dan los puestos de flores, en la parte central del paseo, muy arbolado y sólo para peatones.

Siempre a pie, se puede tomar la Carrer del Comte de Rius, cuyos faroles guían hasta el edificio del Ayuntamiento, en la plaza de la Font, donde los edificios de los siglos XVIII y XIX la convierten en cita obligada. Todos tienen cuatro pisos y cada ventana, un balcón. Abajo, bares y restaurantes sacan las mesas a la calle para convertir a este pintoresco rincón en el epicentro de la gastronomía y la movida nocturna. Durante el recorrido hay que estar atentos para descubrir los pedestales romanos que sostenían delicadas esculturas y hoy aparecen como empotrados en las paredes y pueden pasar inadvertidos. En la calle Mercería 17, en la fachada de una antigua casa, está el testimonio de amor de Baebius Myrismus, probablemente un liberto, cuyo pedestal dice más o menos asi: A Fabiae Saturnina, la mejor (o más buena) de las esposas .

Esencia medieval

La ciudad, declarada por la Unesco en 2000 Patrimonio Mundial de la Humanidad, conserva en su parte alta el espíritu medieval más profundo, sobre todo en la plaza De la Seu, a la que se llega por la Carrer Mayor, donde varias banderas independentistas, amarillas y rojas cuelgan de los balcones.

El paseo concluye en la catedral, que fue consagrada en 1331 y construida sobre los restos del templo dedicado al culto de Augusto. Claro ejemplo de transición entre lo romano y lo gótico, la iglesia está ahora en plena etapa de restauración y se estima que reabrirá al público en enero o febrero próximos. Sin embargo, en lo que todos están de acuerdo es en no avanzar en la terminación de su fachada, inconclusa desde 1348, cuando una epidemia de peste negra sumió a Tarragona en una gran crisis y diezmó a su población: fallecieron 2000 de sus 6000 pobladores.

Si bien todo se puede hacer a pie, el cansancio alguna vez asoma y es tiempo de hacer un alto gastronómico. Y si se habla del plato típico, el romesco ocupa el primer lugar. En realidad, se trata de una salsa espesa a base de frutos secos (avellanas tostadas, almendras), que suele acompañar a la gran variedad de pescados de la zona: merluza, lubina, langostinos, gambas y muchos otros, cocidos en horno de barro. ¿Otro imperdible?, la calçotada, una cebolla tierna y alargada que se sirve con carne a las brasas. A la hora del aperitivo, imposible dejar de lado al chartreuse, un licor elaborado con 130 hierbas distintas, recetas de los siglos XVI y XVII, y muy digestivo.

El restaurante Les Voltes tiene un plus: se dice que en su puerta principal, metros más o menos, empezaba la arena del circo. Lo cierto es que más allá de su excelente gastronomía, comer dentro de las bóvedas del antiguo circo no deja de ser una experiencia diferente.

Con las últimas luces del sol, pocos quedan en la playa. Salvo un par de parejas y algunos pescadores. Entre ellos, Pedro Martínez, que no deja de mirar sus dos cañas enterradas en la arena. Es de pocas palabras y no parece dispuesto a hablar hasta que entra en confianza. "Mire ese mar, una belleza. Y allá arriba lo romano y también lo catalán. Eso es Tarragona", afirma con los ojos en el horizonte azul, tan azul como su mirada.





Fuente:
Diario La Nación
www.lanacion.com.ar

Imagen:
Directorio de Hostales Hoteles Baratos Apart Hotel
Ciudad de Madrid, Comunidad de Madrid, España.
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